Botillo

Botillo

Y es precisamente la singularidad geográfica, el
microclima entre montañas, los inviernos de fuertes
heladas que favorecen la matanza y las primaveras
húmedas y cálidas, las que confieren especial
raigambre a la tradición culinaria.
El primer botillo, estrella de la cocina berciana,
se comía en diciembre, el último, por supuesto,
el martes de Carnaval, para empezar con
el estómago lleno la Cuaresma. Una comida
contundente y festiva que, a base de rabos y
costillas, lengua, espinazo, carrillera y paleta, y
acompañada de berza y cachelos, templa el cuerpo y
caliente el espíritu.