El cultivo en suelos fértiles y en un clima particular que hace que el fruto madure lentamente, convierte a la manzana reineta en un fruto con un sabor equilibrado, ligeramente ácido y muy aromático y con una textura firme y crujiente que la hace única.
Se consume tanto en fresco, disfrutando de su sabor intenso, como en elaboraciones tradicionales de la región, desde compotas y tartas hasta platos de cocina berciana que realzan su carácter.